miércoles, 26 de diciembre de 2007

lo prometido en mi programa de ayer

Tal como anticipé ayer en mi programa VENTANA A LA MUSICA ANTIGUA, les copio fragmentos de una entrevista a Paolo Pandolfo que publicó hace años la revista Goldberg. Fíjense!, son ideas buenisimas para comprender mejor la música y los cambios sociales del barroco. Qué les parece? Quizás quieran opinar acá o escribirme a ramiroalbino@hotmail.com

¿La viola da gamba perdió su patrimonio a manos del violonchelo?


El violín y el violonchelo ocuparon el sitio de la viola da gamba. Igual que la burguesía, que ocupó el sitio de la aristocracia que moría, la viola da gamba, que es la expresión más refinada del arte musical aristocrático, se fue con ella. La viola, que ha sido un instrumento perfecto para hacer música para pocos, no lo es para hacer música para muchos. Le Blanc habla con horror de las cuerdas tan enormes y rígidas que utilizaban los violinistas y chelistas. Y de los callos que se les hacían al tocar. Esto nunca pasaba a los gambistas porque las cuerdas eran mucho más finas y lo explica: las cuerdas de las violas tienen que ser lo suficientemente finas para seguir su vibración después de pasar el arco y producir la resonancia deseada. Más tensión en la cuerda equivale a una resonancia menor. La viola luchaba por conquistar su sitio en la música “moderna” y se ponían cuerdas más fuertes. Y eso es lo que está pasando ahora en Europa, donde hay gambistas que ponen cuerdas cada vez más gruesas para sonar casi como un violonchelo, y eso me hace sonreír porque no tiene sentido. La viola es otra cosa.

¿Y cómo hacer que esta música, en el pasado concebida para pocos, sea hoy para muchos?

Si tocas una hermosa fantasía para tiorba de Visée no la vas a tocar en una sala con tres mil personas, a menos que en esa sala haya una acústica increíble. Esa música es incomprensible para muchos. Una música intelectualmente aristocrática ha sido, por ejemplo, cierto repertorio polifónico de pura búsqueda formal, como alguna pieza de Gesualdo. O puedo pensar en el siglo XX, donde la comunicación con el público no es lo más importante. Los adeptos a este tipo de obras son los propios músicos, que podían detectar las sonoridades y apreciar detalles, pero esa es realmente música para pocos. Mi manera de sentir la música aristocrática siempre tiene al hombre en su centro. Claro, hace falta un primer input cultural, pero no tan brutal como el que se necesita para escuchar la música de, no sé, Stockhausen... Yo creo que la música barroca y renacentista es perfectamente comprensible. Es todo más natural, similar a la naturalidad que se encuentra en mucha música pop o de jazz, donde nadie se plantea el problema de producir un sonido enorme porque se cuenta con la amplificación. El problema es cómo hacer los detalles de lo que estás cantando o tocando, exactamente como era cuando, no teniendo esos problemas de proyección de cantidad de sonido enorme, la concentración iba a si aquí canto más o aquí hago una pequeña cesura. Como un cantante de éstos que se pone el micrófono prácticamente en la boca, y entonces escuchas cada palabra en toda su sensualidad. ¿Donde escuchas esto en una ópera del siglo XIX? ¡Es imposible!

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